Mauricio Rosadio no escribe canciones para desahogarse. Las escribe cuando el mundo, en lugar de escucharlo, le guarda silencio. LANGARA, su primer EP, aparece después de que la vida le enseñara que incluso los planes más sólidos pueden tambalear. Desde Canadá, país al que llegó con ilusión y una nueva etapa por delante, el artista peruano enfrentó la ruptura de una relación que lo obligó a pensarse desde otro lugar. No como un músico haciendo canciones, sino como alguien que convierte sus poemas —escritos tras el quiebre— en un mapa emocional de todo lo que no podía decir en voz alta.
El disco no busca dramatizar ese momento. Tampoco ofrece soluciones. LANGARA simplemente está ahí: cinco canciones que se escribieron desde la urgencia de nombrar lo que dolía. Mauricio no tenía un método ni una fórmula; lo que tenía era una colección de versos nacidos en medio de ese silencio incómodo que queda cuando ya no hay más conversaciones pendientes. Fue entonces que, junto a Fidel Flores Rojas, empezó a darle forma a las canciones. En menos de un mes, el disco quedó listo. Marshall y Deverow se encargaron de producir y masterizar, sin alterar el núcleo: capturar lo que sentía en tiempo real..
Hay momentos del EP que se sostienen desde el borde: “Perpetuos” y “Van Gogh” intentan detener el derrumbe, como quien aún cree que algo se puede rescatar. Pero hay otros en los que ya no queda nada que hacer, y eso también se acepta. “Podrás llamar?” es un eco que todavía no se resigna, mientras que “Lo sé, te usé” carga con el peso de haber entendido todo demasiado tarde. La canción “Langara”, que da nombre al EP, pone el cuerpo frente a lo inevitable: mirar hacia atrás, y que duela.
Mauricio Rosadio no intenta adornar su historia ni envolverla en metáforas. Prefiere ponerla sobre la mesa, tal como ocurrió. El disco no propone un camino, apenas registra el que tuvo que andar. En esa honestidad sin reclamos está lo que lo vuelve cercano. Quien haya perdido, quien haya tenido que empezar de nuevo sin querer hacerlo, va a encontrar en estas canciones algo más que melodías tristes: una forma de reconocerse en el otro.
LANGARA no suena a un debut. Suena a alguien que no quiere que lo aplaudan, sino que lo escuchen. A alguien que supo que ya no podía callar, y eligió decirlo sin elevar la voz.
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